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domingo, 29 de mayo de 2011

Silencio inmobiliario en Nueva Esparta: compadrazgo-adeco-estafa

Definitivamente la estafa inmobiliaria en el estado Nueva Esparta está ligada con la cultura adeca que todavía pulula por estos lados, se mimetiza y hasta se hacen pasar por “hombres virtuosos” de la insularidad, se sientan al lado del enemigo, van y vienen; son marionetas del triste espectáculo de la decadencia del capitalismo y son dipsómanos que pretenden convencer al pueblo de su honestidad y nunca van a defender al explotado, al estafado, a los pobres de siempre.

El estado Nueva Espata experimenta desde hace varios años la nefasta y triste historia de contar con un depredador sistema de intercambio explotador e importador que sólo trae beneficios materiales para unos pocos, contando con aliados políticos liberales y neoliberales, decir que son corruptos es redundar. Basta con saber que actualmente es Gobernador de Nueva Esparta y que jamás se ha pronunciado y ha hecho nada sobre temas y problemas álgidos como la seguridad ciudadana, nuestra identidad como pueblo, el sistema de salud pública (él prefiere y al parecer tienes buenos vínculos sólo con clínicas privadas), la vivienda, la contaminación, entre otros. Es lamentable seguir teniendo una persona que sostenga el poder para unos pocos y para su usufructo. No esperemos mucho de este personaje, mucho menos que se declare enemigo de la estafa inmobiliaria, él está del lado de los estafadores.

Han pasado varios meses y hay avances, sobre todo en la organización popular que ha venido aprendiendo y entendiendo que sólo la participación y la organización es fundamental para conseguir los objetivos trazados. También tenemos nuevas formas de lucha que han entendido que la organización y la conciencia es fundamental para destruir el Estado burgués y construir el Estado Revolucionario. Con leyes populares y trasformadoras podemos construir el Buen Vivir para todos, con movilización permanente y acciones revolucionarias vamos destruyendo el Estado anacrónico y burocrático heredado.

Gracias al apoyo decidido de nuestro Comandante Presidente Hugo Chávez, un grupo de estafados inmobiliarios de Nueva Esparta, personas que pusieron sus ahorros, sus sueños en tener su vivienda han obtenidos victorias, otras lamentablemente no. Basta recordar al señor Carlos Villamizar (“el hombre de la etiqueta”) que durante más de tres años andaba de tribunales y órganos de justicia para hacer valer su derecho: una vivienda digna. Gracias a la buena voluntad y al apoyo decidido de ciudadanos que entiende que la justicia no es un negocio, y mucho menos que la vivienda es un negocio, él logró ganarle a un estafador. Faltan muchos casos por resolver. Los poderes públicos como lo es la Fiscalía y Poder Judicial deben acelerar la marcha y siempre ponerse al lado de los pobres, no les cuesta mucho. Muchas leyes todavía protegen al capital, pero les recuerdo que estamos en un Estado de Justicia, sí, también de derecho, pero jamás está por encima el interés del capital que un derecho humano. La lucha es difícil, pero se puede lograr “la sociedad justa y amante de la paz”.

www.jorgearmasv.blogspot.com

jorgearmas17@gmail.com

twitter: @jorgearmasv

jueves, 28 de octubre de 2010

Intervención en El Guapo/El manifiesto: Ayer y hoy

Por: Fernando Soto Rojas
Fecha de publicación: 09/10/10


La lucha por la libertad y la justicia es una larga lucha histórica de los pueblos del mundo que aspiran a ser libres y soberanos.

El planeta tierra se estima una existencia de 600 millones de años. La humanidad es relativamente joven, poco mas de 100 mil años aproximadamente pero en el curso de su desarrollo tuvo una perversión, hace 6 o 7 mil años surgió de su seno la sociedad de clases con el esclavismo, siguió con el feudalismo y se agravó con el capitalismo que surgió por la Europa Occidental por los siglos XII y XIII en la era cristiana.

En el siglo XV se consolida el sistema de explotación en Europa con la aparición de los estados nacionales y el mercantilismo como doctrina; y se da la invasión, conquista y colonización de las tierras de la Abia-Ayala y el resto del mundo desde los centros del capitalismo europeo.

Ese cáncer nos llegó el 5 de agosto de 1498 por las Costas de Macuro, en el oriente del país en los barcos de Colón.

Resistimos heroicamente como pueblo con los aborígenes, con los esclavos negros, zambos, pardos y mestizos, incluso con mantuanos patriotas pero no fue posible. Nos impusieron a la antigua sociedad comunal, “la odiosa división de clases y de colores” como diría Bolívar.

El capitalismo en la lucha contra el feudalismo europeo levantó las banderas de la libertad, la igualdad y la fraternidad con la Revolución Francesa en 1789, pero con el bonapartismo se impuso el código de la explotación salarial y el dominio colonial.

Sectores avanzados con el socialismo utópico se opusieron pero no era su tiempo real, hasta que por fin se dieron dos importantes encuentros en Londres en 1847 y en 1848 con la participación de dos intelectuales brillantes, Carlos Marx y Federico Engels, que venían de las luchas del socialismo francés y estaban estudiando y revisando la historia mundial, el pensamiento filosófico de Kant y Hegel de Alemania, la economía clásica inglesa de Adam Smith y David Ricardo y la práctica del socialismo francés.

A esos eventos asistieron cuadros cultos y experimentados de los mas avanzados del movimiento obrero europeo donde se dio un importante debate y las conclusiones básicas y las actas le fueron entregados a Marx y Engels para que sistematizaran una plataforma común de lucha que sirviera de guía al movimiento obrero europeo. Se marcharon a Bruselas con el objetivo de redactar ese documento que sirviera de plataforma en función de la unidad del movimiento proletario contra la lógica del capital.

A mediados de 1848 se publicó el célebre manifiesto redactado por Marx y Engels con el título de “Manifiesto del Partido Comunista”, donde caracterizaron el modo de producción capitalista y el rumbo histórico que debe seguir la humanidad sobre la base de que la clase obrera asuma conscientemente el programa para cambiar y transformar al mundo de toda forma de explotación, dominación y de lucha de clase en función de construir una sociedad de productores libres, con una cultura esencialmente humanista y no bárbara como el capitalismo.

En ese orden de ideas, Federico Engels, el 30 de enero de 1888, afirma en el prefacio a la edición inglesa del Manifiesto que:

“Toda la historia de la humanidad ha sido una historia de lucha de clases, de luchas entre explotadores y explotados, entre clases dominantes y clases oprimidas; que la historia de esas luchas de clases es una serie de evoluciones, que ha alcanzado en el presente un grado de tal desarrollo en que la clase explotada y oprimida (el proletariado) no puede ya emanciparse del yugo de la clase explotadora y dominante (la burguesía) si emancipar al mismo tiempo, y para siempre a toda la sociedad de toda explotación, opresión, división en clases y lucha de clases”.

El Manifiesto además conceptualiza el programa popular el cual es concebido como un todo constituido por la esencia programática, la plataforma de lucha y las medidas revolucionarias de acuerdo al curso de la lucha de clases, en el desarrollo histórico, las evoluciones, las revoluciones y la etapa que conducen a la liberación de la humanidad, del pueblo, de la clase obrera, de todo tipo de explotación, opresión y lucha de clases.

Igualmente precisaron que la plataforma de lucha es la concreción del programa en cada realidad histórica concreta, en la circunstancias históricas específica donde se está operando y las medidas revolucionarias o de gobierno son las acciones que toma el pueblo para ir realizando la plataforma de lucha en cada momento político; en ese sentido el Manifiesto asienta que el proletariado una vez constituido en Estado irá desarrollando el proceso de extinción de la propiedad burguesa que son indispensables como medio para transformar radicalmente todo el modo de producción. Esas medidas se toma una vez constituido el pueblo en poder, pero antes de la constitución del pueblo en Estado se toman medidas revolucionarias que permitan organizar las fuerzas populares para destruir el Estado constituido y constituirse el pueblo en Estado. En síntesis las medidas revolucionarias, la plataforma de lucha y el Programa Popular tienen que estar en correspondencia con el momento político, la coyuntura histórica concreta y el proceso histórico rumbo al socialismo teniendo como guía teórica el Programa Popular.

El capitalismo, después de la muerte de Marx, ha sufrido un conjunto de cambios y transformaciones como consecuencia de su crisis estructural que lo ha conducido a su fase final el imperialismo que condujo a la humanidad a dos guerras mundiales en el siglo XX y al dominio imperialista Yanky o unipolaridad Yanky o la Pax Americana Unipolar, que George Bush junior, Barack Obama y el complejo militar industrial del pentágono quisieron imponer a lo largo y ancho del planeta pero la descomposición política del sistema Yanky y la conformación de nuevos bloques de poder por el control del mundo, la resistencia de estados independientes y de la mayoría de los pueblos del mundo que enfrentan de diversas maneras la barbarie Yanky la cual no es perspectiva para la humanidad y el planeta, que amenazan con una guerra nuclear, con los efectos del cambio climático y la irracionalidad explotadora denunciada en el célebre Manifiesto y sus conclusiones estratégicas e históricas siguen teniendo plena vigencia ayer y hoy en el análisis de Marx, con el esfuerzo heroico del Movimiento Socialista Mundial, que se expresó en la Comuna de París de 1871, la Revolución Rusa de 1917 con Lenin al frente, la Revolución China en 1949 con Mao Tsetung al frente, con la Revolución cubana con Fidel al frente y la Revolución Bolivariana con el Comandante Chávez al frente y armado además con la doctrina bolivariana nos permite afirmar la vigencia histórica y política del socialismo frente al capitalismo.

Dos contradicciones caracterizan a lo largo de todo este período histórico en el seno de la Naciones y de la humanidad: la contradicción Imperio-Nación, Imperio-Humanidad, que es la principal y la contradicción Capital-Trabajo como fundamental que tienen salida en la revolución y en la construcción de la patria socialista, como diría Martí: Patria es Humanidad, en las circunstancias de hoy.

Aplicación práctica en la Venezuela 2010-2030 de la era bicentenaria y la jornada admirable 2010-2013 y la guía del Manifiesto.

Sin duda como pueblo venezolano, latinoamericano y caribeño hemos recorrido un largo camino por la libertad, por la independencia y por el socialismo, ayer contra el imperio español hoy contra el imperialismo Yanky y la oligarquía apátrida. Infinitas formas de organización y lucha, propagandas y maniobras hemos desarrollado fundamentado en la doctrina bolivariana y en el socialismo científico como rumbo estratégico e histórico. Hoy pudiéramos decir que hemos avanzado en la apropiación del Programa Popular definido en el Manifiesto, tenemos una plataforma de lucha como es el texto constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, el plan de la Nación 2007-2013, los acuerdos y resoluciones del reciente Congreso Ideológico del PSUV y el liderazgo del Comandante Chávez así como una experiencia acumulada por diversas generaciones de revolucionarios y revolucionarias que se agrupan en la Revolución Bolivariana. No es poca cosa lo que hemos acumulado, que nos falta?.

Seguir perseverando en la unificación programática del pueblo venezolano y del PSUV en particular que es una confluencia de fuerzas heterogéneas, anti-imperialistas con un horizonte socialista y que debemos marchar con algunas ideas básicas para el debate como proposición:

1._ Construir una sociedad justa y amante de la paz, una sociedad socialista.

2._ Derrotar al imperialismo como enemigo de la humanidad y del planeta tierra

3._ El impulso de la unión del pueblo en torno a su finalidad como partido

4._ El impulso de la solidaridad como pueblo que lucha por su liberación y la construcción del socialismo

5._ La profundización en Venezuela del proceso constituyente del pueblo en República Bolivariana

6._ El impulso del proceso de construcción del sistema de producción socialista

7._ El impulso del proceso de inclusión al acceso de bienes y servicios básicos, a los excluidos por el capital.

8._ La profundización del proceso de descomposición de los restos del viejo Estado que pervive en la práctica administrativa hasta destruirlo totalmente

9._ Profundizar la lucha contra la corrupción, la ineficacia y la ineficiencia en la administración pública en el marco de las llamadas tres R al cuadrado.

La reciente batalla del 26 de septiembre y la campaña admirable 2010-2013 nos plantea la necesidad de una política electoral revolucionaria.

En síntesis hay que hacer un balance político de la gestión bolivariana, el análisis de la coyuntura política de transición 1989-2010 y este balance y reflexión nos va a permitir tener una comprensión de la situación política planteada en el país, la región y el mundo para definir una política y un plan para actuar en correspondencia y las exigencias planteadas.

La lectura y estudio del Manifiesto nos ayuda a comprender la naturaleza de la crisis del capitalismo y su perspectiva en función del presente y el futuro para lo cual es importante conocer los rasgos del periodo histórico, la coyuntura y el momento político actual así como la responsabilidad que deriva de ello para las y los revolucionarios de Venezuela.


Fernando Soto Rojas
Coro-Falcón, Octubre 2010

domingo, 24 de octubre de 2010

Por unas Comunas “sin ley”

Por: Roland Denis
Tomado de: http://www.aporrea.org/
Fecha de publicación: 19/10/2010




Por misericordia no aprueben ese bodrio burocrático, esa ley feudal y verticalista llamada “Ley de Comunas”

El punto de este trabajo se centra en una ley aprobada ya en segunda discusión que tiene que ver con la formación de Comunas. Precisamente un asunto desde el cual podríamos medir la revolución misma independientemente de todo voto y correlaciones de fuerza alrededor de él. No me alargo mucho en recuerdos pero vale la pena rememorar que el principio de “Comuna” en su forma nace con las primeras revoluciones europeas de carácter popular y proletario hasta la famosa “Comuna de París” de 1871. Incluso el formato comunal rebelde también tiene sus antecedentes en continentes como el nuestro, principalmente los esclavos en fuga convertidos en comunidades rebeldes que sobrevivieron a la colonia. Frente al viejo régimen colonial o a la forma-estado moderna se contrapone históricamente la formación autogobernante de los pueblos insurgentes y en rebeldía; a ello se le ha llamado en muchas ocasiones “comunas”: formato libertario de los más aplastados que de hecho dio pie a que se denominen “comunistas” a aquellos movimientos nacidos de la clase obrera que atacaron al sistema capitalista con mayor vehemencia. El programa “comunista” originalmente está centrado en la creación de un “no estado” articulado alrededor de comunas autogobernantes sin límites nacionales de ningún orden. Tanto peso tuvo esta historia que de hecho la primera república nacida de una revolución obrero-campesina victoriosa, la URSS, es una “revolución soviética”, es decir, una revolución cuyo formato de poder no es más que la integración gigantesca de comunas autogobernantes en una inmensa república plurinacional y socialista que llegó a absorber decenas de antiguas monarquías y pequeñas repúblicas del este europeo. En todo caso, queda esta historia como una de las premisas universales de toda revolución popular, alargándose hacia la revolución china, por lo menos en sus primeros veinte años, Bolivia en los años cincuenta, los últimos meses del gobierno de Allende en la formación de los cordones industriales. Bienvenido entonces ese propósito continuado a la revolución bolivariana y el ánimo de revivirlo. ¿Pero cómo?

El cómo es en este caso el método que ayudaría a fraguar o destrozar toda potencialidad revolucionaria y es allí donde nos encontramos con esta aberración sintetizada en la ley de comunas. En el mundo al revés de una cúpula de estado que intenta superponerse sobre el derrotero real de un proceso revolucionario, dada su lejanía objetiva sobre los espacios y los tiempos concretos donde se producen los hechos transformadores, se asume, entre otras tantas, que su papel es “hacer leyes” que faculten al colectivo de instrumentos de organización revolucionaria y poder popular; esto para adecuarse al discurso político que la llevó al poder y una concepción –para ubicarnos en su mismo lenguaje- completamente “pequeñoburguesa” de la realidad humana. Y de hecho, son leyes que reflejan ellas mismas toda una concepción del mundo, del orden humano, de la libertad, de la territorialidad, del desarrollo, de la democracia, etc., que nada tienen que ver con la invención de “otro mundo” que toda explosión revolucionaria provoca, más allá de ideologías y doctrinas. Son leyes ancladas dentro del orden moderno-capitalista que todas las estructuras jurídicas del mundo arrastran. Al promoverse estas leyes en realidad lo que están haciendo, suponiendo incluso la mejor voluntad para ello, es creando la norma necesaria para controlar y bloquear desde fuera, es decir, desde la maquinaria de estado (idéntica al orden del capital), el proceso revolucionario mismo, intentando mimetizar los principios y reglas de un orden ya constituido (que es lo que es, es decir, un orden hecho al servicio de los intereses dominantes) con la acción política emancipadora y constituyente del colectivo. A la final lo que tenemos es el nacimiento de un estado que quiere convertirse a como dé lugar en un cuerpo único, centralizado y omnipresente que succiona todo el caudal liberador desplegado desde las clases oprimidas y convertirlo en parte de sí mismo, tanto de su estructura burocrática como de su armazón jurídica, y por extensión de su aparataje partidario. El gobierno revolucionario termina entonces incitando a la creación de un estado corporativo-burocrático (una macroempresa posfordista –es decir, con instancias de “autonomía controlada”- centralizada sobre el mando burocrático) sostenido sobre el capitalismo de estado, aparentemente enfrentado al modelo liberal-oligárquico del pasado, y utilizando, en nuestro caso al menos, todo lo mejor de la retórica revolucionaria que le dio vida y legitima su existencia.

Precisamente si de “Comunas” se trata, esto nunca tendrá que ver con luces nacidas en reuniones de oficinas u órdenes de Chávez que Cilia Flores se apura en acatar...palabras de ella. Si hoy se habla de Comunas es porque ellas mismas, como necesidad creadora que empieza a desplegarse y atravesar comunidades populares, son una tensión revolucionaria más, dirigida fundamentalmente a crear “otro poder” que paralelamente al orden constituido y su estructura político-territorial pueda servir de base real al deseo de una república socialista y autogobernante. En realidad se trata de la búsqueda a como de lugar de algún orden de igualdad y libertad fuera de la bestia estatal que heredamos de la IV República, que además sea fuente real para la superposición del poder revolucionario colectivo sobre esa bestia desgastada. Su pertinencia, su posibilidad, su despliegue, su forma concreta, es parte de una experiencia colectiva, práctica y teórica, que sólo ese “nosotros” que mueve el proceso revolucionario real puede resolver.

Ninguna ley, ni norma, ni programa, ni doctrina, puede anteceder en este caso a la experiencia colectiva misma cuyo derecho constitutivo solo le pertenece a la producción política creadora que somos capaces de generar como pueblo. Fuera de esto estamos hablando de autoritarismo burgués puro aunque lo inundemos de fabulosos conceptos y metas liberadoras. Por ello, tal experiencia emancipadora nada tiene que ver con la formación de estados corporativos que producen leyes para “normar” las condiciones, procesos y formatos del poder revolucionario naciente (se llenan la boca hablando de poder popular y todos los días lo aplastan), antes incluso de que tal poder exista en los hechos: repetimos, aquello de crear “poderes populares” antes de su despliegue constitutivo y autónomo a través de leyes que además norman el mundo de arriba hacia abajo, eso sí es el idealismo más burgués, aplastante y en el fondo profundamente reaccionario. No es la ley quien le da a la Comuna revolucionaria permiso de entrada en la historia, en nuestro caso es el eco que nos deja nuestro propio debate revolucionario -ya histórico- cuando se ha hablado, siguiendo las pautas dejadas por Kleber Ramírez, de la formación del “estado comunal” o “república autogobernante” como otros preferimos llamarla, que tiene en la forma-Comuna una de sus estructuras básicas más anheladas. En todo caso se trata de un verdadero proyecto de república que no se queda circulando una y otra vez alrededor de la desgastada referencia del socialismo sin que se aclare para nada el problema del estado y el poder, sino en la necesidad a como de lugar de ir quebrando el aparato de poder que ha garantizado las múltiples formas de sometimiento de las mayorías al mando implacable de las clases dominantes y de allí empezar a construir algo que pueda llamarse socialismo o la utopía igualitaria y libertaria que se quiera; por supuesto sin que nadie le haya puesto norma previa a este mágico proceso de liberación; aspiración teológica y en muchos casos ridícula de quien quiere dibujar y preestablecer la forma y la norma del acto mismo de liberación.

Cuando leemos el Proyecto de Ley de Comunas aprobado –que invito a leerlo con detenimiento- es fácil darse cuenta hasta que punto en ella se condensa todo este espíritu de secuestro propio de los mandos arrogantes y corporativos que han tomado la hegemonía sobre la mayoría de las cúpulas del chavismo. Vamos por parte:

En los preámbulos de la ley el estado es visto desde el punto de vista de su eficiencia como aparato, ni siquiera se asume el principio de su situación de transición o mejor de crisis. Las Comunas entonces se entienden como un órgano territorial más –una suma mecánica de consejos comunales- que ayuda al estado a aumentar la eficacia de su acción, reproduciendo aquella visión archiliberal de reducir el estado a un órgano de gestión de lo público: ¿dónde está la prioridad incluso constitucional del poder constituyente e intransferible del pueblo como sujeto político?
En lo que respecta al poder popular es solamente un espacio de participación ¿participación dónde, en qué cosa externa y superpuesta a él mismo y que supuestamente lo antecede, será dentro de la maquinaria del poder constituido? Entonces no hablemos de poder sino de “espacios de permiso” para que el colectivo desahogue sus ansias de reconocimiento. Eso nuevamente nos retrocede hacia una cómoda visión reformista del estado, muy aupada por todo el cortejo de “democracias” occidentales adaptadas al orden global posterior a la guerra fría.
Tenemos una concepción del territorio vista como una unidad abstracta y predefinida en mapas estáticos, al dividir o fragmentar de acuerdo a las conveniencias de cualquier cúpula de mando que conquiste hegemonía dentro del poder constituido. En definitiva, y esta es una de las cosas más peligrosas de este proyecto de ley, lo que se busca es una suerte de división político-territorial paralela, hecha bajo las condiciones de la ley misma (es decir, de una manera completamente vertical), que de alguna manera adverse o debilite la división clásica liberal-federativa del estado venezolano y que nos es más que una división al margen, corporativa, empresarial, dirigida estratégicamente desde el ministerio apropiado a este asunto como efectivamente se dice en el artículo 64 de dicho proyecto de ley.
Sigue en consecuencia a lo ya argumentado que este espacio tan abstracto, tan “oficinesco”, a la hora de definirlo y proporcionarle identidad, se acuda a la redundancia académica de la “cultura”. Cada “territorio” es una suerte de museo de ideosincracias y particularidades desde las cuales se define su identidad. Una manera exquisita pero muy “perra” de reducir la riqueza humana a la “cultura”. Aquí nos acercamos al feudalismo de la ley, porque vamos a ver desde donde carajo Catia y Antímano, por nombrar cualquier comunidad relevante, se diferencian por “ideosincracia” y “cultura”. A unos les gusta el reguetón a los otros la salsa ¿será así?, unos son simpáticos y amables los otros terribles. Seremos entonces feudos fragmentados por “culturas propias” por quien me predefine e interpreta en el teatro de las representaciones políticas y las eficiencias tecnocráticas. Hasta donde sabemos, en una revolución que se respete las identidades colectivas se forjan por una condición de clase o de pueblo o de nación –o todas juntas-, una posición ante el mundo presente y una voluntad de quiebre; de allí su inmensa complejidad. En otras palabras, la identidad colectiva hay que producirla desde la rebeldía lograda del “nosotros” proletario y a vez oprimido, no predefinirla y muchos menos por nuestras serias o divertidas costumbres, manera incluso de destrozar cualquier respeto y derecho de las verdaderas resistencias culturales de tantos pueblos originarios.
Obvio, si estamos bajo un régimen de definiciones que van cerrando principios y conceptos que son claves a la hora de abrir el mundo hacia un horizonte de liberación, a la final habrán de imponerse una visión cerrada y muerta del espacio por liberar, de sumas de límites administrados desde las oficinas ministeriales que no es más que una visión carcelaria del territorio. ¿Y si a algún fantástico movimiento se le ocurre formar una Comuna que vaya desde Barinitas hasta Santa Cruz en Bolivia, entonces no es posible porque “no se adecúa a la ley?, al carajo con ustedes, me imagino que les dirán. Eso por supuesto explica la última “misión” de las “Comunas”, que de acuerdo a nuestros legisladores, a la final se reduce a dar alimentación y promover la diversificación económica, resolviendo los problemas del estado capitalista y equilibrando los desbalances que protege. Pobrecitos los comuneros de París o las comunas mineras de Bolivia o los caracoles de Chiapas que querían y quieren el mundo entero así se delimite a su tierra. Si un pueblo hace Comunas es porque “lo quiere todo”, “todo para todos, nada para nosotros” como dicen los zapatistas. Es para transformar “su espacio” en un espacio liberado y definido desde la propia potencia insurgente frente al orden establecido; y esto cubre, como dirían nuestros maestros comunistas, todas las necesidades y todas las posibilidades que el colectivo humano concreto ha dispuesto y soñado para sí. Sólo la verdadera política, la sensatez táctica ante los peligros de fuerza real, puede poner límites a ello, jamás una norma impuesta por el teatro de representativo y corporativo de la política burguesa.
En consecuencia natural a estas premisas conceptuales establecidas, vemos como a continuación desde los propios preámbulos de la ley se concretan las normas de orden constitutivo para que según estos señores aclarados: una comuna sea comuna. Se establecen entonces una retajila de instancias, mandos que van subiendo en un perfecto orden vertical desde el llamado parlamento comunal, pasando por un tal consejo de complimiento hasta un consejo de coordinación, entendidos siempre como un todo que se reúne luego no elige sino que delega en primera y segunda instancia a delegados a su vez de consejos comunales un mando que termina en una pequeña coordinación con sus múltiples y preestablecidas comisiones. Los artículos de la ley luego definirán con mayor precisión estas instancias. A su vez ellas se guiarían por un conjunto de cartas y planes, un pesado cúmulo de papeles que delimitan el orden fundacional, el plan de desarrollo, hasta llegar a una carta comunal muy curiosa que establecerá las normas de vida dentro de la comuna. Ay papá, que será eso, a ver si un día no nos permiten andar en cholas por la calle o tomarnos una cervecita so pena de pasarnos a las instancias de la justicia comunal también preestablecidas, vamos a ver el rollo que se forma. Por supuesto no falta lo del banco comunal al cual todos los promotores le pondrán el ojo siendo además la vía perfecta para el chantaje burocrático hacia las comunas disidentes o alzadas, si es que en un cuadro tan carcelario así pueden darse.
Lo cierto es que estamos viendo comunas como una simple agregación de comunidades vecinales, que luego pueden engrandecerse en ciudades comunales y espacios mancomunales, todo esto dirigido estratégicamente desde el ministerio de las comunas. ¿no es esto un estado corporativo que se visualiza como una gran empresa que va creando sus respectivas direcciones desde la unidad de consejos comunales hasta estas ciudades comunales, creando desde el artificio legal una territorialidad paralela al orden político-territorial del estado liberal-oligárquico?
La Comuna que han pensado nuestros amables legisladores nada tiene que ver con nuevas relaciones de producción, con un concepto no estatal y representativo del mando, así lo digan veinte veces su carácter autogobernante se limita a la gestión interna de un territorio que ya de hecho ha sido encarcelado y rigidizado. Es una suma de consejos comunales no una reunión abierta de sujetos y organizaciones que comienzan a pensar en concreto su propio proceso de liberación territorial, cultural, productiva. Son comunas en el aire que se describen como si no estaríamos atados a un orden capitalista, como si la gente no viviera desgraciadamente de la angustia eterna de la pobreza y del tener o no trabajo para sobrevivir. Ellas no expropian ni ocupan, en realidad no tienen ningún poder más allá de las atribuciones burocráticas y participativas que les confiere la ley. Desde el artículo 5 donde se define que es una comuna ella se ve como una pequeña nada abstracta, fuera de toda realidad, proceso, sujeto, contexto, historia, que se hace porque hay una ley que dice como se hacen esas cosas además socialistas, con un socialismo por supuesto predefinido en la misma ley, bastante triste por cierto. A la final no puede ser otra cosa que la gestión territorial del pequeño capitalismo que ya no puede controlar todo el caos y la marginalidad que el mismo ha creado.
¿Preguntamos, por qué se hacen estas leyes con un espíritu tan rigido y normativo, donde el estado predispone el nuevo orden social en vez de hacer leyes donde esté muy claro cuales son los deberes del estado ante la insurgencia de estos nuevos órdenes? ¿Por qué se hacen leyes desde una visión y un método tan reaccionario y de derecha hablando con los lenguajes más radicales de la izquierda libertaria? Esto nos lleva a una contradicción insalvable donde la final las mismas comunidades van a terminar tirando a la basura sueños de liberación que han pasado por toda la historia planetaria.

¿Será necesaria una ley de Comunas? Precisamente esa no es la pregunta, el problema visto desde la perspectiva de una revolución que pueda empezar un proceso real de refundación nacional y de construcción de una sociedad distinta no pasa por leyes sino por la creación de actores con suficiente disposición emancipadora como para enfrentarse al orden que nos ha aplastado por siglos. El estado se pregunta por leyes y hace de ella la condición misma de cualquier otra realidad desde el momento en que necesita justificar ante un orden dominante y al cual se somete la emergencia de otro orden de poderes que necesita a como de lugar controlar. En cualquier caso, si fuese necesario, la única “ley” posible de Comunas y en general respecto a los poderes populares es aquella que exponga con toda claridad cuales son los deberes del estado frente a la insurgencia de nuevas realidades producidas por aquellas dinámicas colectivas que se fugan de la lógica del stablishment constituido. Por ello esta ley no sirve para nada más que para congelar y aplastar el ánimo disperso que existe en función de crear nuevas realidades territoriales que podrían hasta desbordar el territorio nacional. Linda en todo caso sería una ley donde desde el mismo preámbulo se hable del infinito constitutivo del pueblo y a partir de allí se establezcan las obligaciones legales, de apoyo en recursos técnicos, organizativos, legales que la misma realidad supone cambiando de esta forma la razón misma del estado. Pero parece que esto es imposible, la lógica corporativa ha inundado los estamentos de estado hasta llegar al absurdo de esta ley. El llamado es a la movilización y la creación por encima del aplastamiento leguleyo tan divino en nuestra castiza tradición, anteponer todo poder popular y su sincera rebelión contra la razón burocrática y corporativa que nos pretenden imponer….que quiere decir eso de un “pueblo legislador y obediente”? La única salida es un pueblo “constituyente y rebelde”….

HISTORIA DEL MOVIMIENTO SIN TIERRA DE BRASIL